“Los Ángeles del Infierno” de Hunter S. Thompson

Tengo auténtica debilidad por Hunter S. Thompson, al que considero un auténtico maestro; Thompson, el inventor del llamado periodismo “gonzo”, le da una vuelta de tuerca al “Nuevo Periodismo” de Tom Wolfe y se convierte en protagonista de la acción hasta extremos nunca vistos.
Su obra más conocida es, probablemente, “Miedo y asco en Las Vegas” –adaptada al cine por Terry Gilliam–, pero es esta “Los Ángeles del Infierno” la que considero su aportación más valiosa (y cuya primera copia dejé abandonada encima de una máquina tragaperras de un casino de Las Vegas, cosas de las casualidades), un trabajo menos novelístico que el primero pero que es una lectura tanto o más entretenida que la mencionada. “Los Ángeles del Infierno” se sitúa en los años 60 en California, una de las épocas más apasionantes de la historia reciente, el final de los “beatniks” y la aparición de los nuevos “hippies”; en las páginas de esta obra se entrecruzan Neal Cassady, Allen Ginsberg o Ken Kesey conformando un fascinante fresco de esos años.
Thompson elabora un exhaustivo reportaje de la banda de motoristas forajidos a los que ve como síntomas de una sociedad enferma. La obra es, además, una interesante muestra de cómo los medios generalistas retuercen la realidad para adaptarla a sus ideas y prejuicios y como son, en determinadas ocasiones, los propios medios los causantes de la alarma social. Thompson huye de los juicios apriorísticos y, aunque tenga su opinión, deja que el lector se forme la suya propia. Muchos ensayistas y periodistas deberían aprender de este autor y olvidar esa molesta manía de adoctrinar al lector, de convencerle de una tesis previa.
El estilo de la obra, su composición, es extremadamente libre, sin someterse a estrictas ortodoxias y utiliza de manera brillante multitud de citas y declaraciones que ayudan a comprender la historia de estos motoristas condenados al fracaso que chocan una y otra vez con los ciudadanos bienpensantes.
“Hablamos por teléfono casi una hora un jueves por la mañana. Yo estaba tan fascinado que no podía colgar. El alcalde hablaba de un modo muy exótico. Comprendí enseguida que era un hombre que desfilaba por la vida al ritmo de un tambor que yo no oiría nunca.”

Las obras de Thompson están todas publicadas por Anagrama en España y son, en mi opinión, imprescindibles. Aunque leyendo esto uno se deprime más comparándolo con el periodismo actual.