Las migas

Las migas son unos de los platos con más historia de la cocina española, siendo también conocidas como migas ruleras o migas de pastor. Para ver sus orígenes, tenemos que tener presente cómo esta genialidad gastronómica, sencilla y deliciosa, está asociada a la trashumancia en las tierras de España; los pedazos de la miga de pan tostado componen el grueso de esta comida, que varía en sus ingredientes en función de la zona geográfica en la que se prepare.

Sin embargo, tal vez el origen de las migas esté en el periodo de Al-Ándalus, con el tharid musulmán como escenario; en los territorios cristianos de la reconquista, para diferenciar la comida de los árabes, se cocinaba añadiendo pequeños trozos de grasa de cerdo frita.

Hace siglos, las migas se utilizaban como una comida propia del desayuno, aunque sin embargo pasó posteriormente al almuerzo y una periodicidad semanal. Se trata de un plato castizo, saboreado por los paladares más exquisitos o por los humildes. Suele aparecer como tapa en multitud de bares de nuestro país; la popularidad de las migas es tal, que incluso se celebran fiestas monográficas y concursos anuales con este plato como protagonista, cocinado en sus diferentes variables.

Desde León hasta Andalucía, pasando por Murcia, la forma de cocinar las migas varía, pero el pan sigue siendo el eje indiscutible. Lo primordial para enfrentarnos al cocinado de un plato de migas es disponer de pan, mejor si es de días anteriores, que luego será troceado en una serie de pedazos, embadurnado en agua y cubierto de unos toques de sal; por otro lado, ha de ponerse a calentar el aceite. Como complementos del plato, deben freírse ajos y torreznos y agregarse piezas de chorizo. Finalmente, habrá que proceder a la mezcla definitiva, en la que el pan debe quedar suelto, bien frito y a merced del sabor del resto de ingredientes. Y una vez listas para servir, si las migas se acompañan de un buen vino, son un manjar todavía más exquisito.