La Venencia

En el corazón del Barrio de las Letras se encuentra el bar con más encanto de todo Madrid. Llevo años viviendo por los alrededores de la calle Echegaray, y hasta hace poco, nunca me había percatado de esta preciosa joya que hace un continuo homenaje en el tiempo al jerez. Mil veces pasé por delante de sus puertas de madera ignorando que, lo que yo pensaba era un bareto viejo lleno de señores, era en realidad un museo del buen beber para todos los públicos.

En La Venencia solo se sirven vinos de Cádiz -por copa, media botella y botella-: Manzanilla de Sanlúcar y Fino, Oloroso (mi favorito), Amontillado y Palo cortado de Jerez. Nada más, así que si no te gusta el jerez ni te molestes. Aún así os digo que yo nunca tuve el más mínimo interés en estos vinos, pero ya llevo unos meses empinando el codo con este tipo de bebercios y cada vez me gustan más. Como todo, es cuestión de interesarse por ellos, probar y degustar.

El ambiente es familiar, con señores bebiendo solos en la barra, familias, turistas y gente del barrio. Las paredes marrones y avejentadas están tapizadas de posters de ferias en las que el “sherry” ha sido protagonista y son un auténtico tesoro del que me encantaría apropiarme.

El sitio tiene su protocolo, así que cuidadito con cada movimiento que haces que lo mismo te vetan de por vida. Los camareros no regalan sonrisas porque sí (aunque son bastante majos), así que no intentes caer bien, tampoco se aceptan fotos y bajo ningún concepto te van a aceptar propina, así que ni lo intentes. Las consumiciones te las apuntan con tiza en la barra y siempre te ponen unas aceitunas Campo Real de tapa, aunque también hay algunas cosas para picar, como unas deliciosas anchoas en salazón.

Rondando por allí se encuentra un gato negro, que no, no trae mala suerte, al contrario, trae compañía a todos aquellos que beben solos y entienden que beber es disfrutar.

Calle Echegaray, 7

Venencia: recipiente cilíndrico unido a una larga varilla utilizado para extraer vino de un barril de vino.