La historia de como Anthony Bourdain, David Muñoz, StreetXO y DiverXO cambiaron mi vida

Anthony Bourdain empezó a fomentar mi obsesión por la gastronomía. Me tragaba programa tras programa de No Reservations en un momento de mi vida en que la comida se había convertido en un “problema”: un conflicto entre disfrutar y sufrir. Bourdain se enfrentaba a la comida como algo divertido y aventurero que suponía no solo degustar con placer cada bocado que se le ofrecía a lo largo del programa, sino que también era una forma de conocer la cultura del país en el que se encontraba y crear lazos con la gente con la que comía. Fue en ésta época cuando Bourdain se convirtió en mi Dios, un época en que mi actitud ante la comida fue cambiando. Pasé de temerla a convertirla en objeto de culto.

En un capítulo de No Reservations Bourdain visitó DiverXO, un lugar desconocido para mí. David Muñoz y Ángela Montero le abrieron las puertas de su restaurante horas después de haber contraído  matrimonio y se lo llevaron de paseo por los sabores de DiverXO. En ese momento no me di cuenta, pero fue la primera vez que veía al que sería mi segundo ídolo de la gastronomía, aquel que como Bourdain, marcaría mi vida para siempre. David y Ángela se veían muy jóvenes pero se podía apreciar el compromiso y el esfuerzo que habían puesto en su proyecto. Aún recuerdo a Bourdain sentado frente a ellos degustando cada plato, bromeando y  sonriendo asombrado al darse cuenta de la revolución que estaba empezando David. Aún tengo grabada esa imagen en mi mente, sin saber que 3 años más tarde tendría la oportunidad de probar sus creaciones. En ese momento era el año 2010, y aunque ya llevaba adentrándome en el mundo gastrónomico de Madrid, aún no llegaba a conocer, ni de lejos, las grandes ligas de la gastronomía de la capital. En ese momento no fui capaz de entenderlo. Eso fue hasta que mis prioridades cambiaron y hasta que llegó StreetXo.

Cuando llegó StreetXo yo ya sabía lo que era bueno, o por lo menos eso creía. Me llamó la atención el rollo de street foodasiática y no podía esperar a probarlo. Cuando por fin fuí descubrí una enorme gama de sabores que no existían en mi registro mental. Fue amor al primer bocado. Aún recuerdo el Saam de panceta y el Chilli Crab. Fue dar un primer bocado y voltear a ver a mi novio con cara de “tienes que probar esto en este momento porque vas a fliparlo de una manera ESTUPENDÍSIMA”. Lo curioso que tiene la comida de David Muñoz es que no solo sabe bien sino que tiene la capacidad de hacerte sentir bien. Causa un efecto en cada persona que te hace sentir que has descubierto un tesoro escondido y te sientes el dueño del mundo. Así de hardcore es todo. Si alguien me dice que no ha comido en StreetXo me levanto y grito: “tienes que probarlo, va a ser la mejor cosa que hayas probado en tu vida”. ¿Lo curioso? Es que siempre estoy en lo correcto y estas personas vuelven a mi y me agradecen de todo corazón el haberlos guiado hacia la 9na. planta de El Corte Inglés. Pero no es solo la comida, es el espíritu rompedor de Rafa, Johnny y de todos los chicos de la cocina y esa música a tope que te entra por las venas y te envuelve. Cada vez que voy sé que estoy en el sitio que pertenezco, no sé por qué, pero es así. Comida que te pone de cabeza de lo bien que sabe, estupendo ambiente, genios jóvenes y trabajadores detrás de la barra poniendo en práctica lo que mejor saben hacer y nada más que hacer que disfrutar y pasarselo bien. Sin preocupaciones.

StreetXo me abrió el camino y fue así como descubrí aún más sobre la cocina de David Muñoz. Me gustó ver a alguien que defendía de una forma tan segura lo suyo. No pretendía ser nadie más que él y se miraba a leguas que se presentaba fiel a sí mismo. Muñoz tiene un talento, un genio que sale a comerse al mundo en sus creaciones y no hay nada mejor que alguien que sabe lo que tiene y lo sabe explotar de una manera completamente inspiradora. Yo cuando sea grande quiero ser tan genial como David, y quiero tener su corte de pelo, claro está.

Preguntaba acerca de DiverXo a conocidos conocedores del mundo gastronómico y todos me decían cosas contrarias acerca del restaurante y su comida.  Con tanta opinión encontrada me era imposible poder concretar una respuesta que me ayudara a decidirme a ir (o no). Nada de lo que escuchaba me ayudaba.

Empecé a trabajar para http://www.plateselector.com/ y después de haber ido tantas veces a StreetXo decidí que era justo y necesario escribir algo sobre ellos. Concreté una entrevista y sorpresa sorpresa venía con David Muñoz incluída. Tengo que deciros que Pablo Sobrino se portó de maravilla para ayudarme a concretar la entrevista, que Rafa contestó super rápido para ayudarme a contactar con Pablo y que todo el equipo de StreetXo nos trató de maravilla. Más majos imposible. No pedí entrevista con David porque obviamente el estaría ocupado y no iba a querer a hablar conmigo, que solo me conocen en mi casa, así que fue todo un placer que me ofrecieran hablar con el. No lo sabía en ese momento, pero ahora lo sé: David y su equipo no le hacen feos a nadie ni se sienten superiores a nadie, en especial de aquellas personas que les muestran su admiración y cariño. El que sean tan cercanos y abiertos con absolutamente todos los medios que se les acercan sin discernir de uno o de otro por la cantidad de fama, seguidores o clicks que tengan me parece la más sensata de las estrategias. No sé si lo han hecho pensando en que así llegaran a más gente y más medios, o tan sólo porque creen que no hay que hacerle feo a nadie, pero funciona. Hay muchos que miran mal, muy mal a los pequeños periodistas que apenas empezamos a abrirnos un hueco y es de agradecer que hayan personas, chefs, y restaurantes que nos ayuden a crecer como personas y profesionales en el medio que más nos apasiona.

Después de mi entrevista con David comprendí que estaba tardando en ir a DiverXo. Comprendí que si me gustaba su propuesta de street food obviamente me iba a gustar su ópera prima. Ambas no son lo mismo, pero ya que había adentrado mi paladar a ese mundo tenía que seguir adelante hasta el lugar donde todo empezó. Me animé y reservé. Me quite los miedos monetarios (gracias a una cuenta de banco que aún tiene unos pocos ahorros fruto de mis regalos de boda el año pasado) e hice una reserva para el día 20 de diciembre para ir con mi esposo. Dos meses esperando y por fin llegó el día. Los nervios se apoderaron de ambos.

Fue llegar al restaurante situado en la calle Pensamiento y empezar a ponerme nerviosa. Nunca había estado en un restaurante con 3 estrellas Michelin (aunque cuando reservé era un 2 estrellas, así que más nervios aún). Sabía e intuía que no iban a ser estirados ni bordes así que eso me relajaba. Nos llevaron a nuestra mesa en el fondo de la sala y empezó la función. No os descibiré los platos, ni los ingredientes, ni os pondré fotos (vale venga solo una), ni os contaré nada sobre el servicio ni la comida porque si lo sabéis todo os jodo todo. De verdad, el factor sorpresa en DiverXO es FUNDAMENTAL, así que me tendré que quedar en las descripciones abstractas. Solo os diré que es una experiencia gastronómica global como ninguna otra. Me llevó al cielo y al infierno (pero al infierno del bueno, al que van los genios de la música y la literatura) en un mismo instante, una y otra vez. Me retorcí en la silla de placer, a pesar de las miradas de una pareja que tenía enfrente que lo debieron de flipar conmigo y mantuve el silencio mientras degustaba los platos porque el hablar me hacía perder tiempo de los sabores que se descubrían en el interior de mi boca. Crucé mil miradas de complicidad con mi esposo mientras comíamos, hablábamos sin hablar coincidiendo en que estábamos viviendo el mejor día de nuestras vidas. Todo fue redondo e impresionante, creo…creo… que en reallidad nunca pasó y que todo fue un sueño. Creo que fue así, porque fue perfecto.

El punto es que al salir de DiverXo comprendí todo. Todas mis experiencias, la entrevistas con Bourdain, con David Muñoz, mis visitas a StreetXo y su concepto, los platos que acababa de probar, los camareros de sala y los chefs: todo cobró sentido en mi vida y se cerró como un círculo perfecto. Había llegado a la respuesta de todo. Pasado, presente y futuro se cobraron sentido tras esa comida.

 

David Muñoz, Ángela Montero y todo el equipo que los rodea han venido ha cambiar las cosas y nos hecen sentir a los jóvenes apasionados del buen comer como que somos parte de algo. No somos parte de su equipo, ni hemos estado con ellos desde sus inicios, ni hemos creado junto a ellos, pero nos sentimos identificados con personas que han venido a decirle al mundo de la gastronomía que hay cabida para todos. Han acercado el mundo de la gastronomía a un público que tenía ganas de guerra de sabores, texturas y de aventuras culinarias. Nos va el peligro, nos va la música, nos va la diversión y por fin alguien nos ha escuchado.

 

Larga vida a vuestro mundo por abrirnos sus puertas y decirnos que somos bienvenidos.