Hattori Hanzo. Calle Mesonero de Romanos, 15. Madrid

Llega la primera taberna japonesa (izakaya) a la capital con una propuesta gastronómica diferente, divertida y bastante asequible. El lugar se llama Hattori Hanzo y está situado a un lado de la Gran Vía madrileña.

El local es bastante curioso compuesto de una terraza con yatai (puestecitos de comida callejera japonesa) para tomarse una caña y picar algo. En el interior se encuentra otra área de barra con más mesitas y el “comedor”.  Bastante complicado meterse en los cubículos subterráneos que componen la sala sin tener que hacer malabares, aunque al final resulta hasta divertido ver como todos intentamos salir triunfales de tal acrobacia.

Los majísimos camareros recorren la pasarela sirviendo de mesa en mesa dejándose las rodillas para servir cada plato que llegan sin pausa y con prisa. Menos mal que no trabajan como Cerrajeros en Alicante, si no, tendrían derecho a 6 meses de vacaciones.

Aunque tienen una extensa carta dedicada a Kushiyaki o brochetas hechas en barbacoa japonesa preferí centrarme en la carta de platos japoneses como un delicioso Hígado de rape; Sardinas en escabeche (os dicen que el chile que lleva pica demasiado pero no pica ni un pelo, así que adelante, hincarle el diente); Bao en versión japonesa relleno de panceta, pepino, cebollino y salsa Hoisin; Pollo frito y el Otonomiyaki, la especialidad de la casa compuesta por una especie de tortita muy parecida a la tortilla “española” con panceta, col y decorado con bonito.

He hecho mi propia investigación con los baos/steamed pork buns (que aquí tienen otro nombre el cual no logro recordar) probando los de Puntapie, Tándem, Eddie Huang e incluso siguiendo la misma receta de Momofuku en casa (gracias al chef John Husby de Kitchen Club) y tengo que decir que estos estaban buenos pero no son mis favoritos. La panceta no estaba marinada de la forma que me gusta, le faltaba estar más tierna, sabrosa, grasienta. El pan me pareció que era hecho por el propio restaurante cosa que se agradece, aunque os confieso una cosa, el mismo David Chang usa masa de baos pre-congelados.

Vale la pena la visita, la experiencia, conocer nuevos platos y sabores a precios más que razonables (entre 4 y 8). En mi caso, con dos cervezas por persona salimos a 23€ cada uno.